El stand no puede hacerlo todo solo
Un stand puede tener luces, producto y una pantalla estupenda. Lo que no puede hacer por su cuenta es darle a alguien una razón para acercarse. Conviene recordar ese detalle antes de pedir una pantalla todavía más grande.
Me interesa esa parte de los eventos: el momento en que una marca deja de ser algo que miramos y se vuelve algo que podemos hacer. En DDFest, el encuentro de PC gaming de DDTech cuya organización apoyó Dada, había varias maneras de entrar a la conversación.
La edición de 2025 reunió 15 marcas y combinó actividades en stands, conferencias, invitados y música. El reto editorial detrás de un programa así también es un reto de experiencia: lograr que todo eso forme un recorrido que tenga sentido para quien llega.
Un pasaporte bastante lejos de migración
Una de las dinámicas era un pasaporte. Cada marca tenía un sello y definía una actividad para conseguirlo. La visita podía avanzar de stand en stand, con una pequeña misión que daba pie a conocer productos y participar.
La idea tiene algo muy humano: nos gusta completar cosas. Pero el sello funciona mejor cuando hay una experiencia antes de conseguirlo. Si la tarea fuera solo caminar hasta una mesa, tendríamos un trámite con mejor iluminación.
Para una marca, esa estructura abre preguntas útiles: ¿qué puede probar la gente aquí?, ¿qué puede descubrir?, ¿qué conversación queremos que empiece? La dinámica merece diseñarse alrededor de esas respuestas. El pasaporte conecta el recorrido; cada estación necesita sostener su propia promesa.
También hay que dejar que el evento cambie de ritmo
DDFest tuvo un escenario con tres pantallas, conferencias y rifas, además de orquesta y banda de jazz con música de videojuegos. Esa variedad ofrecía maneras distintas de vivir el encuentro: escuchar, jugar, recorrer los stands o reconocer una melodía junto a otras personas.
En la edición de 2025 también participó Missasinfonia como invitado. Las rifas tuvieron a Yanpol y Megami como anfitriones. Son encuentros que pueden darle al público otra razón para estar ahí, dentro de un programa que necesita funcionar más allá de un solo momento.
Para nosotros, una lección del formato es cuidar las transiciones. Una demostración técnica pide atención de cierto tipo; un concierto propone otra. Darle espacio a ambas puede hacer que la jornada tenga cambios de ritmo. Hasta la persona más entusiasta agradece que el día no sea una conferencia de pie con descansos para otra conferencia.
Los números sirven cuando sabemos qué cuentan
El reporte de la organización registró 850 asistencias el sábado y 870 el domingo: más de 1,700 entre las dos jornadas, incluidos los equipos de trabajo. Esa suma describe la actividad del fin de semana y puede incluir a una misma persona en ambos días.
La encuesta posterior aporta otra mirada. La satisfacción general fue de 4.39 de 5 entre 195 respuestas; el valor percibido de la entrada obtuvo 4.59 de 5 entre 194 respuestas. Son dos preguntas distintas y juntas ayudan a leer la experiencia con más detalle.
La asistencia habla de convocatoria y operación. La encuesta permite escuchar a quienes respondieron. Para preparar una siguiente edición, interesa poner esas señales junto a las observaciones del equipo: qué actividades fluyeron, dónde faltó tiempo y qué merece repetirse. Un decimal resulta más útil cuando termina en una decisión.
Que la marca tenga algo que hacer con la gente
DDFest deja una idea que puede viajar a eventos de otros tamaños: integrar una marca exige pensar qué aporta a la experiencia. Puede ser conocimiento, un reto, una demostración o la posibilidad de probar algo que normalmente solo se ve en una pantalla.
Eso permite conectar convocatoria, programa y presencia de marca alrededor de una misma intención. La pregunta deja de quedarse en dónde ponemos el logo y empieza a recorrer el lugar: qué pasa cuando alguien llega, participa y continúa.
Las luces importan. El montaje también. Pero la parte más interesante empieza cuando el stand tiene una actividad y enfrente aparece alguien con ganas de hacerla. Ahí la pantalla, por grande que sea, ya tiene buena compañía.
Escrito por Danna · Perfil en LinkedIn (abre otra pestaña)
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